
La cumbre de la OTAN en Bucarest, ha mostrado la impotencia de Europa como realidad política, como sujeto eficazmente activo en las relaciones internacionales. El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, no tiene otra intención que pasar a la posteridad, con un legado distinto al de la guerra catastrófica de Irak. Su homólogo ruso, Vladimir Putin, también ha llegado a la cumbre con ánimo de trascendencia, pero la situación de ambos es distinta. Bush abandonará la Casa Blanca en enero del próximo año, y nunca jamás podrá volver a ocupar un cargo electo en su país, está en esa fase que los periodistas de Washington llaman del "pato cojo", en referencia al declive de la autoridad presidencial en el tramo final del segundo mandato. Putin podrá volver a optar a la presidencia de Rusia dentro de cinco años, y el nuevo presidente de la Federación Rusa, es uno de sus más estrechos colaboradores.
En cualquier caso, el afán de protagonismo de ambos mandatarios, seguidos a corta distancia por el francés Sarkozy, ha revelado con toda crudeza, que Europa no ha conseguido ser otra cosa que un mercado unificado y libre de trabas arancelarias para los socios dominantes ( Francia, Alemania y Gran Bretaña) El sueño de Eurasia ha desaparecido de todas las agendas políticas. En ninguna de las crisis internacionales abiertas, tiene Europa voz única y propia. Incluso en África, una China nada escrupulosa con el tema de los derechos humanos, está comiendo el terreno a Gran Bretaña y, sobre todo, a Francia, que durante tantos años jugó a superpotencia en sus relaciones con los sátrapas africanos.
Bucarest no ha hecho más que dejar muy claro lo que se decía con discreción, Estados Unidos busca desde la OTAN acuerdos con Rusia, dejando al margen a unos aliados que considera insignificantes desde casi cualquier óptica.
Esto es así por la endeblez de Europa, por el síndrome del "pato cojo" que ya afecta a Bush, por el deseo ruso de ser considerados de nuevo una superpotencia y, finalmente, porque ya emergen las que serán, sin duda, las grandes potencias imperiales del futuro: China e India. Ambas están obligando a recomponer el tablero de las relaciones geoestratégicas, porque su desmesura impide seguir ignorándolas con la habitual displicencia occidental.

2 opiniones:
Chapeau por el análisis de la cumbre. No me queda nada que decir, salvo lo que he escrito en mi blog.
Saludos.
Gracias, Kurtz. Me parece que lo que ha pasado en Bucarest, es un aperitivo de lo que nos vamos a ir encontrando a partir de ahora. Estados Unidos ha iniciado un lento deslizamiento hacia el fin de su hegemonía, algo que quizá no veremos ni tú ni yo, pero que en términos de nación ya debe ser previsto. Necesita clarificar las cosas, con quienes le disputarán el poder: las emergentes China e India; Rusia y, tal vez, Brasil.
Europa no será nada, porque no tiene voluntad política de alcanzar una determinada posición, de preeminencia, dentro del nuevo sistema de relaciones internacionales.
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