
A finales de los setenta, la extrema derecha que se agrupaba en AP, y detentaba el control del aparato del Estado, así como la aquiescencia del poder económico, inició una operación de acoso y derribo a la UCD en el gobierno, que provocó la inestabilidad crónica de los gabinetes centristas y, finalmente, la caída de Adolfo Suárez, en medio del caos provocado por el golpe del 23 de febrero. Fue un proceso anómalo en la historia política de Europa: la facción minoritaria de extrema derecha fagocitaba a la moderada y mayoritaria de tendencia democrática.
Años después, cuando empezaba a vislumbrarse la posibilidad de alcanzar La Moncloa por el desgaste del PSOE, la facción dura del partido conservador, hizo saltar al moderado Hernández-Mancha y colocó en su lugar José María Aznar, que era ungido como sucesor por Manuel Fraga en 1989.
Alcanzado el pleno control del aparato del partido, Aznar inició una labor de zapa contra los gobiernos de Felipe González, ahogados en la corrupción, que le condujo a las victorias de 1996 y, sobre todo, de 2000. Ese año, y alcanzada la mayoría absoluta, la derecha pura y dura tomó los ministerios que siempre ha creído de su propiedad, envió a los paracadistas a hacer maniobras en el País Vasco, maltrató a los adversarios políticos, se alineó con los Estados Unidos incondicionalmente, y mintió al país después de la tragedia del 11 de marzo de 2004.
La pérdida de las elecciones supuso el inicio de un nuevo ciclo hegemónico de los jabalíes* en las sedes parlamentarias, jaleados por los poderosos grupos de comunicación que Aznar había ayudado a formar durante su primera legislatura. El heedero designado por Aznar, Mariano Rajoy, abandonó su imagen de hombre moderado, para encabezar algunas de las actitudes más vergonzosas que se recuerdan en la corta historia democrática de España.
La nueva derrota en 2008, ha despertado las alarmas del núcleo duro aznarista, actual encarnación de la extrema derecha; los intentos del candidato Rajoy para corregir el rumbo del partido conservador, y llevarlo hacia posiciones más moderadas, han chocado frontalmente con ese aznarismo que ha iniciado el destronamiento de Mariano Rajoy, usando exactamente las mismas armas que se llevaron por delante a Adolfo Suárez y Felipe González. La renuncia de personajes relevantes como María San Gil, Eduardo Zaplana, Ángel Acebes y el icono José Antonio Ortega Lara, tienen poco de casualidad y mucho de estrategia de desgaste que, de tener éxito, conducirá a Aznar a la cabeza del PP, invocando las circunstancias excepcionales del país y demostrando, por enésima vez, que las reglas de juego democrático no se han hecho para una derecha, que nunca se ha visto obligada a dar explicaciones por sus actos políticos, gracias a la amnesia forzada de la izquierda durante la Transición, y a la indiferencia de la ciudadanía después.

10 opiniones:
Gracias. Esto que escribes en esta página me interesa, me informa y me gusta.
Es como poner los pies en la tierra.
Te escribo desde Alemania, así que todo se me hace como lejano ahora.
Beso
Gracias a tí, Mita. Sé bienvenida.
Saludos desde BCN.
Lo actual crisis del PP demuestra que todos allí sólo piensan en mandar, lo cual hace dudar de los principios o la ideología de la derecha.
Saludos.
A ciertas alturas del poder, sólo se llega dotado de una gran ambición ( de poder). Y vale para todos, lo que sucede es que a perro flaco todos son pulgas.
La política en España se me hace ya extraña.
Las últimas elecciones voté a los verdes, bueno..un senador, es un senador, jaja.
Aquí en Hamburg, por ejemplo, hay zonas donde gobierna una coalición de verdes y partidos conservadores.
Aquí también tenemos cosas raras, el poder atrae mucho.
No sé casi nada de política española.
Trabajo en el departmento de lenguas románicas de una universidad alemana.
Te puedes imaginar que en general, son todos bastante rojillos o roji-verdes.De carril bici, vamos... Ese es el ambiente que hay.
Cuando hablamos de política de Espana, todo resulta un poco "arcaico", desdoblado en bloques, radicalizado. Esa es la impresión
El desconocimiento alemán sobre política española, es equiparable al español sobre política alemana.
Jove...yo soy de Sevilla, eh?
Lo que pasa que últimamente ando un poco despistá. Quiero decir que no sé de las "rencillas" ridículas y enfrentamientos varios insignificantes que muchas veces copan la prensa. Y se me hace extraño leer cosas tan ridículas.
Ya decía yo qué escribías sin acento alemán...jajajajajaja
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