
Los comunistas han protagonizado el mayor desastre político de la historia y muchos no se han dado cuenta. Entre los múltiples desprópositos de la verdadera izquierda, podemos señalar la pinza realizada con el PP para estrangular al PSOE en los últimos años del felipismo, que no tuvo más consecuencia que entregarle el poder a la verdadera derecha, y destruir la base electoral que todavía le quedaba al PC. Y todavía le queda. No contentos con éso, los comunistas se han despellajado vivos durante los últimos veinte años, hasta al punto de hacer desaparecer todo atisbo de civilidad, en las relaciones internas de las fuerzas que siguen abanderando la hoz y el martillo.
Los últimos esperpentos harían las delicias de don Ramón: En Euskadi, ese valiente que es Javier Madrazo, ha renunciado a todo con tal de que nadie le apunte con una pistola en la nuca, y así vivir a cuerpo de rey mientras sus concejales, por ejemplo, no condenan el asesinato de un trabajador por la banda terrorista ETA. Además de apoyar todas las iniciativas identitarias del iluminado Ibarretxe, entre las que se cuenta, cómo no, su consulta alegal sobre el derecho a decidir.
En Cataluña, el que fuera mi partido, hoy reconvertido en ese nadie sabe qué de Iniciativa ha fallecido víctima de un empacho de ( izquierda) caviar y dedica todo su tiempo a lanzar iniciativas en defensa del fet diferencial o hecho diferencial catalán. Pese a todo esto, algunas buenas propuestas han logrado pasar la indiferencia parlamentaria, y se ha conseguido una buena ley de barrios que está llevando a cabo mejoras apreciables en zonas degradadas de toda Cataluña...menos da una piedra.
Muchos de los actuales dirigente han olvidado que, precisamente el comunismo, nació con la idea de abolir las diferencias nacionales para enfrentarse al verdadero problema de la Humanidad, que no era otro que la explotación de los pobres por los ricos y la creación de una capa de población pobre, indispensable para que llevara a cabo las tareas más ingratas sin rechistar. De ahí que el empeño histórico del comunismo fuera la dignificación del ser humano con independencia de su origen; los ambiciosos programas sociales llevados a cabo por los comunistas en las efímeras experiencias de la Unión Soviética preestalinista o de la II República Española, no deberían olvidarse, ni la memoria de tantos que dieron su vida por aquéllos ideales, tampoco.
PD:Espero que la memoria les vuelva a algunos a tiempo para detener las infamias de las directivas de retorno y de ordenación del tiempo de trabajo.

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